LOS TREINTA Y DOS
(La inmolación)
Editorial
Joseph Delgado
Inmolación es la palabra que la RAE — Real Academia Española— institución responsable de regular y normalizar la lengua castellana desde 1714 cuando la corona española le otorgó esta facultad a través de la Real Cédula de Felipe V, define esta con dos conceptos: “sacrificar una vida a la divinidad” y segundo, el que nos cobija en el presente escrito: “dar la vida, la hacienda, o algo de gran valor por una causa, una idea o una persona” (sic) ; siendo así, y con gran justicia se le acreditaría a Jesús, El Mesías, su inmolación cuando este aceptó la crucifixión como el más grande sacrificio para la redención de la humanidad y ejemplo de la máxima ofrenda expiatoria o redentora de tipo religioso donde según la teología él toma el lugar de la humanidad para pagar la deuda espiritual de los mortales con Dios bajo cinco opiniones analizadas con lupa por sus importantes preceptos: 1. el voluntariado, por el cual en forma deliberada y conscientemente acepta el sufrimiento como obediencia a una visión superior y el amor al prójimo; 2. la trascendencia: busca la salvación eterna del ser humano a través de su propio sacrificio de vida y de muerte; 3. reconciliación, pretende con esta, la paz entre un ser divino, El Creador y el ser humano; 4. la redención: que equivaldría, con su ejemplo de abnegación, a liberar la humanidad de sus propias cargas ante El Todopoderoso y 5. la expiación por medio de la cual a través de su inmolación borraría la culpa y el pecado del ser humano ante El Gran Hacedor.
En 1969 Jan Palach en la plaza de Wenceslao, protestando contra la invasión soviética de Checoslovaquia, en lo que fue llamado el fin de la Primavera de Praga, se prende candela, falleciendo tres días después, es este un triste y doloroso ejemplo de inmolación política, o martirio civil; Atanasio Girardot, ese prócer colombiano, antioqueño, nacido en 1791 en San Jerónimo, entrega su vida al intentar anclar la bandera republicana en la cima de un cerro ocupado por las tropas realistas durante la Guerra de la Independencia, como ejemplo de la inmolación heroica, también llamada abnegación, el 30 de septiembre 1830 durante la batalla del Bárbula en Venezuela, –como consecuencia de ello, Bolívar, históricamente, se dice, ordena realizarle cardiectomía y trasladar su corazón en una urna de plata a la capilla de la familia en la catedral de Caracas previa procesión encabezada por El Libertador; se relata que en 1814 la urna desapareció en manos de Boves, José Tomás, y sus tropas para destrozar este símbolo republicano que tanto afectaba a los realistas, mas sin embargo otra hipótesis existe en la que se relata que esta obra quirúrgica se perdió de la catedral como consecuencia de las subsecuentes guerras civiles del siglo XIX en Venezuela; la realidad hasta el momento es incierta—; pica la cháchara anterior como ejemplo clásico de la inmolación como el máximo honor por sacrificio, cuando el vinculado lo hace para salvar a otros y, por último: la inmolación simbólica o metafórica asociada esta, no al sacrificio por la muerte del individuo, pero, si a la renuncia de intereses personales como bienes o fama por causa alguna que él considera superior, idealismo, claro ejemplo de ello es la vida y obra de San Francisco de Asís y el de la fundadora de la orden de las clarisas, Santa Clara de Asís.
Históricos, ejemplarizantes recuerdos sobre inmolación de diferentes tipos y estilos la crónica de la humanidad sobre sus cansinos hombros lleva: Ricaurte, San Mateo, en átomos volando, 1814; el Monje budista Thich Quang Duc, 1963, Saigón; el 30 de mayo de 1431 en Ruan, Francia, durante la Guerra de los 100 años, Juana de Arco fue quemada en la hoguera bajo la acusación de herejía y reincidencia tras ser capturada por los borgoñones y sentenciada por el tribunal eclesiástico de la inquisición, dirigido este proceso por el obispo Pierre Cauchon, –irónicamente años después, el 7 de julio de 1456 el proceso fue oficialmente anulado y esta resultó declarada inocente–; Polidoro Benítez durante la Guerra de los mil días, 1899 a 1902, por idealismo liberal se explosionó con una carga de dinamita durante la toma de Pasto en 1901 buscando no caer en manos del ejército gobiernista, los conservadores; en 1706 Pietro Micca, durante la lucha contra los franceses heroicamente había realizado el mismo acto en Turín; un estudiante griego en 1970 se inmola en Génova protestando contra la dictadura militar de entonces en Grecia, "La Dictadura de los Coroneles", Kostas Georgakis; la resistencia no violenta de Mahatma Gandhi fue una inolvidable e histórica inmolación incruenta, simbólica, ya que este, bajo un mundo de sacrificios extremos, ascetismo, largos ayunos y la renuncia total a toda calidad de vida luchó por una causa determinada terminando este su vida como víctima de un asesinato el 30 de enero de 1948 por no abandonar o renunciar a sus principios; por último y para no dejarla por fuera de la cultura de la inmolación política, La Pola, y no escribo sobre la espumosa bebida maravillosa que tradicionalmente acompaña el tejo, la papa criolla, y la rellena; mis últimas, respetuosas letras de ese párrafo van en honor a la guadueña Policarpa Salavarrieta, esa emblemática heroína de la independencia, escribiría yo, sin faltar a la verdad, la “pionera de la inteligencia” y que bajo las balas del enemigo comandado por Juan de Sámano cayó el 14 de noviembre de 1817, considerándose la misma como una mártir inmolada por la libertad
A lo largo de la historia de la humanidad, incontables casos de inmolación preceden las letras que nacen bajo el glacial frío de la madrugada; en la India, hasta 1829 cuando el gobierno británico lo prohibió, las viudas se inmolaban vivas, como herencia tradicional de la diosa Sati, en una pira funeraria junto a su esposo como simbólico acto máximo de devoción conyugal, y bien justo es que el autor del texto de escribir deje sobre el inacabable devenir de la inmolación, con más letras imposible sería despertar al paciente lector.
Definitivamente el siglo XXI cambiado ha los heroicos valores que preceden el pretérito de la humanidad, con ello, el valor épico de la inmolación se ha convertido en un valor trascendental de los vinculados a la gobernabilidad para llamar la atención de un pueblo socialmente manipulado, pero, todos estos procesos tienen un punto político de partida, comparten un punto en común, aún más, ni siquiera podríamos llamarle ideología, porque la ideología con razón, o sin razón, ha desaparecido para dar paso a una herramienta de los estadistas de turno con el objetivo único de mantenerse en el poder bajo la prioridad o interés de su propio beneficio y nunca del pueblo que les ha elegido o a quién este con el tiempo ha suplantado con una disimulada dictadura camuflada desde la máscara oculta bajo diferente nombre, ya sea este chapeado vulgar e irrespetuosamente tras la palabra “democracia”, yo sin faltar a la verdad escribiría: dedocracia; herencias estas políticas como la cubana, la yacente venezolana y la colombiana que gracias al petrismo y al egoísmo de la oposición, caminando va hacia un perenne corrupto comunismo; yo, abusivamente pero, basado en una realidad, y sin interés alguno de ofender a Felipe V inventaría una nueva palabra: “AUTODEDODEMOCRACIA”, —el poder de elegirse a punta de dedo, así mismo, como Desgobernante— (en este caso la redundancia es apropiada y justamente perdonable).
Dieciocho veces, adrede, he repetido el término inmolación en estas nueve carillas; Nicolás Maduro en uno de sus últimos discursos pidió: sacrificio, “inmolación”, dar la vida por Venezuela; Mag Jorge Castro, –@MagJorgeCastro– un periodista cubano, a la fecha de hoy, febrero primero del 2026, con 31 años 3 meses 20 días de haber venido al mundo y con 93,012 seguidores en X,
publica un post en ese medio el 31 de enero de 2026 a las 0711 horas respecto a Díaz-Canel, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República de Cuba, como él mismo lo refiere en X, –antiguo Twitter—: comprometido con las ideas martianas de Fidel y Raúl; —ahora sí, como folklóricamente lo diría el coteño: “m***** no joda, ¿esto con que se come?”—, retomo el chisme de Mag que en forma abusiva me permito a rajatabla transcribir, “Díaz-Canel amenaza con “inmolarse” como los treinta y dos militares en Venezuela”; en este humilde y corto texto sobre la inmolación política ya van dos, Maduro y Díaz-Canel, pero, el tema y la emulación política de izquierda o comunista no para ahí, en 1973, el colega, por la medicina, no por la política, que quede claro, de izquierda, Salvador Allende, durante el Golpe de Estado propiciado por Pinochet, desde el Palacio de la Moneda se dirige al país diciendo: "Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”, y, en’antes, sumercé, como diría mi amado campesino boyacense, colgó las quimbas con alpargata y todo antes de ser capturado por el golpista y sus tropas, se suicidó, demostrando una vez más que suicidio no es sinónimo de matar un suizo; y, para retomar el calorcito del Caribe volvamos a Fidelito, Fidel Castro, durante el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba contra la dictadura de Fulgencio Batista, –no confundirlo con Don Fulgencio, ese satírico e infantil personaje nacido de las entrañas del argentino Lino Palacio en 1934, ese monacho de graciosa tira cotidianamente publicada en El Tiempo con las que reflejaba las carencias y la realidad social del país, de este jocosamente se decía: “El hombre que no tuvo infancia”–; creo que me safé en una pausa activa de subconsciente pero, para retomar a Fidelito y no alejarme una vez más del contexto de la publicación; Fidel, en la búsqueda de justificar la rebelión bajo el concepto de que levantamiento era un derecho legítimo contra la dictadura de Batista, durante su logorréica disertación de cuatro horas, cual gaitanesco discurso expresó: “condenadme, no importa, la historia me absolverá”, convirtiendo estas palabras como el sacrificio de “Yo” ante la historia, frente la posibilidad de caer bajo el sistema judicial de Fulgencio, como así sucedió y fue condenado a quince años de prisión en la Isla de Pinos, para no faltar a la verdad en la historia, "El Caballo”, fue indultado por Batista, “El Hombre”, veintidós meses después, cometiendo este uno de los errores más crasos en la historia de la humanidad y de La Isla, con ello permitió el renacimiento del movimiento revolucionario creando Fidel, el Movimiento M-26-7, –por favor tener en cuenta este último histórico dato–, posteriormente, con la batalla de Santa Clara, comandada esta por el Che Guevara entre diciembre 1958 y enero de 1959 dar paso a la caída del régimen de Batista; —¿recuerdan el nombre del movimiento que Castro dio a su grupo revolucionario, será casual, tendrá esto algo que ver con el M-19, qué contestarían Bateman Cayón, Fayad y Marino Ospina?––El M-19 nace en Colombia el 19 de enero 1974, Petro se vincula a este grupo en 1977, por ende no es cierto, como él lo ha querido hacer saber, que perteneció al grupo guerrillero desde sus principios y que fue uno de sus fundadores, pero, bien vale la pena tener en cuenta este paréntesis para lo que se viene – el gárrulo Gustavito, frecuentemente dentro de sus parlachinadas ha recurrido también a la narrativa del “sacrificio” por la patria; el narcisismo y la megalomanía del mismo le ha llevado a expresar textos como: “solo muerto me sacan”, u otra más significativa expresión mientras apunta el lápiz con la agitada mano hacia un punto incierto: “si intentan un golpe blando no iré al exilio, me mantendré en la lucha hasta las últimas consecuencias”; el inolvidable Maduro, eternamente recordable por sus inigualables burradas, solamente comparables estas con las de su colega colombiano a través de la retórica circular, el comportamiento melodramático, la cantinflesca dialéctica, solamente se diferencian en que Petro se sienta en la palabra, se enfoca en la transformación del relato, mientras, Maduro se centra en la resistencia sobre el sistema político que defiende heredado de sus predecesores: Chávez, Guevara, Castro y lo que a ellos precede; ante ellos y su diatriba, Petro es un insignificante plagiador del tema y la política marxista-leninista.
Volvamos a la isla más grande de Las Antillas mayores, su gobierno actual y lo que para estas letras significa: con ello volvamos al título del editorial, “Los treinta y dos”; UHN Plus, un noticiero de actualidad en el Sur de la Florida, entre las letras de su post publica: El dictador Miguel Díaz-Canel amenazó con inmolarse de la misma forma que los treinta y dos militares en Venezuela, en un acto de desesperación ante la orden ejecutiva de Donald Trump: “estamos dispuestos a enfrentar cualquier medida y toda amenaza, con el mismo valor de los treinta y dos combatientes que cayeron heroicamente en Venezuela”; corto el chorro, no sin antes preguntarme: –¿en qué momento los treinta y dos se inmolaron? –según palabras escuchadas, antes de la caída de Maduro, al mismo Díaz-Canel este claramente dijo, proclamó, expresó, ratificó, manifestó, declaró, exponió –expuso–, para no perder la rima, por medios y enteros, que Cuba no tenía tropas en Venezuela, faltó que jurara por su madre, –la de él, no la del lector–, entonces, ¿de dónde acá aparecieron de repente treinta y dos militares cubanos muertos en Venezuela?, otro dato interesante, aceptando de antemano que sí existieron, mmmm, bueno, antes de morir; pero, según previas informaciones presidenciales isleñas “no existieron”, –milagros del comunismo, no estar allí pero, fallecer en el intento–; bueno, los milagros del comunismo no paran allí: Maduro, ya casi picho , se orgullecía y el rabo pavoneaba diciendo que tenía en Venezuela a los “Colectivos”, grupos armados que actúan como brazo social de choque en las zonas urbanas, llamados para ejercer el control social contra la “Oposición” y colaborar con la policía en la represión de protestas; la Milicia Nacional Bolivariana, MNB, civiles voluntarios con entrenamiento militar básico que actúa como reserva ideológica y operativa e integrados a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, FANB; las Fuerzas de Acciones Especiales, FAES; la Guardia Nacional Bolivariana, GNB; los CUPAZ; el chismorreo de los corredores habla también de grupos guerrilleros colombianos como el ELN, FARC, EMC, la Segunda Marquetalia, bueno, eso dicen por ahí y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, pero, lo que al caso viene y lo que de verdad sorprende lleva a una única y final pregunta: –¿Cuántos de todos estos que se decían “leales” a Maduro en su defensa murieron? –En redes los veíamos muy valientes, sacando pecho, marcando el paso… quier, dos, tres, cua, quier, dos, tres, cua; exhibiendo armas de última degeneración, deshonrando el himno; humildes y manipulados como habitantes de todo gobierno de izquierda, ya no cantaban “gloria al bravo pueblo”, la bravura de antaño estaba perdida, el espíritu rebelde y valiente de los caraqueños que iniciaron el movimiento de la independencia el 19 de abril de 1810 había sido humillado, arrastrado por la izquierda comunista de Chávez y Maduro; los que por la libertad hubieran podido luchar, salieron a buscar nuevas tierras; los que se quedaron, respetablemente perdieron la bravura, y al final del cuento, más de 4.7 millones de efectivos que se habían juramentado para defender a Nicolasito, se redujeron a treinta y dos que nunca se inmolaron, el contexto de la RAE lo aclara, treinta y dos que a la hora de la verdad no tenía nada que ver con el paseo ni con la política venezolana, ni con los intereses económicos del dictador, no, con todo el respeto que la vida humana merece, con el reconocimiento de quien las armas, insignias, condecoraciones eternamente ha respetado y admirado, aquel que en su duro pecho con orgulloso honor las ha portado: no, definitivamente, no fueron treinta y dos héroes, no se inmolaron treinta y dos hombres, simplemente fueron treinta y dos vidas inútilmente perdidas gracias a un corrupto comunismo, este, que hasta después de muertos les maquilla en beneficio de su propia clevencia.
La inmolación es un acto heroico de quien heroísmo por conceptos propios tiene, no por quien la realiza bajo la manipulación y subordinación de un gobierno corrupto y abusivo; es prioridad de todo gobierno el proteger, dignificar, engrandecer la vida de sus ciudadanos, militares y policías; de no ser así, quién inmolarse cree, solo es víctima de un manipulador que dice llamarse gobernante.
Una vez más escribo: "no existe un pueblo comunista rico, ni un gobernante comunista pobre".
Definitivamente, Colombia no aprende y cotidianamente su desgracia siembra.



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